ADN de extrema derecha

No ha sido por casualidad que el elegido de Temer para dirigir la Oficina de Seguridad Institucional sea el General Sergio Etchegoyen. Éste ha obtenido destaque desde hace dos años atrás, por firmar, junto a su familia, una nota en contra de las conclusiones de la Comisión Nacional de la Verdad sobre su padre, el General Leo Guedes Etchegoyen, acusado de violar los derechos humanos durante la dictadura militar.

S_Etchegoyen

Leo Guedes Etchegoyen fue secretario de Seguridad Pública del Estado de Rio Grande do Sul, recién ocurrido el golpe de 1964. Gracias a esta condición, recibió al norte-americano Dan Mitrione, especialista en métodos de tortura contra presos políticos, para dar clases a la policía del Estado. Posteriormente, fue asesor del dictador Emilio Garrastazu Médici y jefe del Estado Mayor del II Ejército, cuando esta unidad era comandada por el torturador General Milton Tavares, más conocido como el tenebroso “caveirinha” (“calavera”). Como jefe del Estado Mayor, Etchegoyen no escatimó elogios al teniente-coronel Dalmo Cyrillo, uno de los más temibles torturadores del DOI-Codi del II Ejército.
Además, el Coronel Cyro Guedes Etchegoyen, tío del General Sergio, fue jefe de la división de Información y Contrainformación del Centro de Informaciones del Ejército (CIE), también bajo órdenes de Milton Tavares. Según declaraciones del Coronel Paulo Magalhaes a la CNV, Etchegoyen era la autoridad del CIE responsable por la Casa de la Muerte, en Petrópolis, en el Estado de Rio de Janeiro.
El abuelo de Sergio, el General ALcides Etchegoyen, anticomunista furibundo, sucedió al pérfido Filinto Müller en la jefía de la Policía de Distrito Federal, durante la dictadura del Estado Nuevo. Fue quien dirigió la división de los “entreguistas” que venció las elecciones del Club Militar en 1952, contra el general nacionalista Estillac Leal. En esta posición, luchó contra la creación de la Petrobrás y estuvo entre los golpistas que intentaron impedir Juscelino Kubitschek asumiera como presidente en 1956, pero fueron impedidos gracias al contra-golpe del General Lott.
Ya conocemos el dicho, “de tal palo, tal astilla”.

(via Jornalistas Livres)

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MANIFIESTO Y DENUNCIA CONTRA LA APOLOGÍA A LOS CRÍMENES DE TORTURA EN BRASIL

66b7831e-63af-4c24-8ba8-1c12f3db8352En el año de 1964, Brasil sufrió un durísimo Golpe de Estado comandado por militares, con el apoyo de una parte significativa de la derecha civil, representada por grandes empresarios de industrias y de importantes medios de comunicación de masas.

La larga noche en que la aún joven democracia brasileña fue sumergida a la fuerza duró dolorosos veintiún años. Las heridas más profundas que cargamos hasta los días de hoy en nuestro cuerpo colectivo y en millones de espíritus partidos, se debe a la práctica reconocida institucionalmente, autorizada e incentivada por los generales, de la tortura sin restricciones y al encubrimiento de los asesinatos cometidos dentro de comisarías de policía, cuarteles y propiedades privadas concedidas por partidarios del régimen dictatorial. Una poderosa máquina de la muerte fue accionada sin siquiera perdonar a bebés o niños, como se supo de forma pública recientemente.

La redemocratización del país jamás estará completa sin que cada familia pueda recibir informaciones oficiales al respecto del destino que tuvieron sus parientes desaparecidos, por más que sepamos que estén, lamentablemente, todos muertos. Nuestra redemocratización tampoco estará concluida mientras no sea abolida la “Ley de Amnistía”, que protegió – por medio de una falsa reconciliación entre opositores – al Estado y sus agentes contra toda responsabilidad criminal. Todos los órganos internacionales de defensa de los Derechos Humanos ya se han manifestado contrarios a este privilegio sin sentido. Las consecuencias de los brutales métodos utilizados durante la dictadura civil-militar también son visibles en el comportamiento violento de la Policía Militar en todos los Estados de la Federación, especialmente contra la población más pobre y negra. Nuestros muertos todavía no han terminado de morir.

Uno de los torturadores más violentos del régimen fue el Coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, quien dirigió el DOI-CODI (Destaque de Operaciones de Información – Centro de Operaciones de Defensa Interna) entre 1970 y 1974. En este periodo pasaron por la central, ubicada en la ciudad de São Paulo, aproximadamente dos mil presos. Entre ellos  se encontraba la actual Presidente Dilma Rousseff.

El domingo 17 de abril de 2016, el diputado federal del PSC (Partido Social Cristiano) de extrema derecha, Jair Messias Bolsonaro, conocido por su postura homofóbica, misógina y de un conservadurismo religioso extremo, hizo un homenaje a la memoria del coronel Ustra, al declarar su voto a favor de la destitución de Dilma Rousseff: “(…) por la memoria del Coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, el terror de Dilma Rousseff; por el ejército de Caxias (…)” – referencia comúnmente utilizada en los sectores conservadores de las Fuerzas Armadas a su patrono, el Duque de Caxias.

Entendemos esta manifestación como un ataque, no solamente hacia la persona de Dilma Rousseff o a su posición como jefe del poder ejecutivo, legítimamente electa, y que hoy sufre un proceso sin haber cometido ningún crimen, sino que fundamentalmente como un ataque hacia todas las garantías constitucionales individuales y colectivas sobre las cuales se basa nuestro Estado democrático de derecho, hacia la Declaración de los Derechos Humanos y hacia la memoria aún vilipendiada de los familiares de víctimas de la dictadura en Brasil.

Denunciamos pública y vehementemente este acto de apología al crimen de tortura realizado en plena Cámara de los Diputados.

Queda perfectamente claro cuáles son las fuerzas que se han alineado para conducir una vez más, un nuevo golpe contra la democracia brasileña.

Coletivo Conexões em Luta (São Paulo) / MD18 –Movimento Democrático 18 de Março (Paris) / Coletivo Desbordar (San Francisco)